Treixadura: la maravilla que había sido olvidada

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Treixadura: la maravilla que había sido olvidada

Ruth de Andrés | 27 mayo, 2021

La Treixaura en Galicia o la Trajadura en Portugal es una variedad autóctona que la enología moderna ha re- descubierto hace unos años para hacernos disfrutar con sus vinos suavemente aromñaticos y con una textura única. Algo a medio camino entre el crujiente y la densidad que nos tiene robado el corazón vinista.

 

La Treixadura ha sido esa uva ignorada durante siglos, que ha tenido una historia gloriosa, de lujo y fama, antes de caer en el olvido. Tras ese pasado glorioso, para nosotros su presente es prometedor. Hemos probado un montón de vinos de Treixadura maravillosos y queremos contártelo.

A diferencia de otras variedades que nunca tuvieron una oportunidad, la Treixadura fue una estrella de fama mundial. Y decimos bien, mundial. Los primero vinos que viajaron a América eran de esta variedad.

La enología moderna la ha re-descubierto con asombro hace pocos años. Esta nueva oportunidad le pone más cariño a la viticultura y a la elaboración. Así con ese cuidado tenemos hoy en día maravillosos vinos de Treixadura que nos encantan.

 

Nos ponemos técnicos con la Treixadura

Su territorio está perfectamente delimitado: el Noroeste de la península. A ambos lados de la frontera: Galicia y Norte de Portugal. No ha sido viajera y de ahí ha salido poco. Todas las hectáreas de Treixadura se encuentran en esos kilómetros galaico-lusos. Decimos que ella, como variedad, no ha viajado porque sus vinos han recorrido muchísimo mundo y han sido auténticos pioneros. Pocos saben que el primer vino español en América fue de Treixadura. Sí, queridos Vinistas, eso dicen los anales de la historia. Así que cosmopolita, un rato.

Como buena gallega, le gusta el clima suave, húmedo y templado, pero también necesita algo de sol por eso prefiere las laderas bien orientadas. Ese es el secreto de la mejor Treixadura.

Como variedad, la Treixadura es vigorosa y fuerte. Por eso mismo, hay que cultivarla bien, evitando que se entretenga produciendo hojas y ramas en vez de madurar uvas. Para eso nada mejor que una buena poda y un manejo estricto durante la época vegetativa. Además, hay que vendimiarla en el momento exacto para que no pierda esa acidez y mantenga toda su frescura. Pero cuando es buena… ¡entonces es buenísima! La Treixadura nos regala vinos con un delicado equilibrio entre acidez y alcohol, chispeantes pero con cuerpo.

 

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La Treixadura siempre al Norte

Posiblemente sea una uva más conocida en Portugal, donde crece en la región del Vinho Verde, por ejemplo. En España, se cultiva en varias comarcas gallegas, pero donde sin duda es la reina es en Ribeiro. También hay Treixadura en otras zonas de Galicia, como en Rías Baixas, sobre todo en Condado, donde se usa para acompañar a la sempiterna Albariño de la zona. Pero también con Godello, Loureiro, Torrontés o la extranjera Palomino (que aquí la llaman Jerez, que es de donde viene). Igual que ocurre en Vinho Verde donde habitualmente se mezclan distintas variedades: Alvarinho (no hay que ser muy perspicaces pero por si acaso lo confirmamos, sí es nuestra Albariño), Arinto, Avesso, Azal, Batoca, Loureiro y la que nos ocupa, nuestra Trajadura. Treixadura se cultiva igualmente en Valdeorras, Monterrei y poquito en Ribeira Sacra.

Con esto queremos deciros que posiblemente una de las razones por las que fuera tan poco conocida, y vamos a decirlo, ignorada, era porque nadie se había puesto muy en serio a estudiarla ni a trabajar su potencial. Como el niño de la última fila de la clase del colegio de las variedades de uva. Bueno, en realidad, como la mayoría de los niños de esa clase, en la que parecía que sólo había dos listos, Tempranillo y Albariño. Pero no. La verdad es que teníamos una clase de prodigios que no hacíamos caso. Variedades autóctonas únicas y genuinas, como esta variedad de la que os hablamos hoy. Por eso, hasta hace unos años era dificilísimo encontrar un vino 100% Treixadura. Que salude Terra Minei como pionera en la aventura, unos de los primeros vinos que se hizo 100% Treixadura.

 

Y ya puestos, el apunte más técnico

Si nos ponemos estrictos, muchos expertos consideran que la Trajadura, su nombre en portugués, y la Treixadura, como se llama en Galicia, no son exactamente la misma variedad. Pero la verdad es que, si fuera así, las diferencias son mínimas.

 

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Treixadura: ¿Y como es ella?

Pues ella es suavemente aromática. Nos trae a la cabeza cítricos, peras y manzanas frescas, incluso, a veces, notas como de eucalipto. No es avasalladora, sino que suavemente nos engatusa con su encanto. Donde da el do de pecho es en la boca.

Su textura nos encanta por única y original. Es vibrante, casi crujiente pero tiene redondez. Su delicadeza no se riñe con un largo posgusto. ¡Que difícil encontrar algo así!

Si queréis disfrutarla de verdad, rascaos un poco el bolsillo. Y ojo que decimos que sólo un poco. Pero, por favor, haceos un favor y huid de esos vinos (demasiado) baratos que no van a aportaros nada. La Treixadura no es fácil de cultivar, así que pasa sacar un buen vino hay que empeñarse bien y trabajarla a fondo. En estas zonas del Noroeste, la viticultura es muy artesanal y la mayoría de trabajos de deben hacerse manualmente. Imposible mecanizar. Por eso es difícil que el vino sea buenísimo y baratísimo. La mano de obra hay que pagarla. Pero en cuanto subáis un poco ese presupuesto, veréis que gozada de vinos. 

 

Buenos vinos de Treixadura, ¡buenísimos!

Para acabar un consejo: no os obsesionéis con beber los vinos del año. La Treixadura es maravillosa cuando envejece. Dejadla unos años, bien guardada, y volved a ella al cabo de ese tiempo. Entonces, no enfríes mucho la botella. 12ºC es suficiente. Descubriréis un vinazo. Un vino con carrera master y posgrado, salido de aquel niño que no hacíamos caso en clase. 

Vamos poco a poco. El primero, es Lagar de Brais. Un vinazo de Adegas Francisco Fernández Sousa que nos parece un puntazo para comenzar a probar la Treixadura. Cuatro meses sobre lías, perfecto para darle una redondez que se combina genial con su mineralidad. El siguiente paso, la evolución, es Terra Minei. Uno de nuestros favoritos por excelencia por su excelente relación calidad – precio. Seis meses sobre lías tiene este vino, y es perfecto para guardarlo un par de años: mejora cada día. Y, por último en cuanto a esta bodegaza, tenemos Verso Libre. Viñas centenarias de Treixadura y, además, unos salpicones de Godello y Torrontés que mmmmmmmmmh.

Por otro lado, de Grandes Pagos Gallegos, encontramos Finca Viñoa embotellado tardío. Una delicia que apareció por casualidad en un depósito de al añada de 2014. Así que siguieron repitiendo, con señores 12 meses sobre lías. Vamos, un crianza versión blanco. Y después, un año entero en botella.

 

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