El precio del vino: desmontando mitos

Curiosidades del Mundo del Vino

El precio del vino: desmontando mitos

Ruth de Andrés | 4 agosto, 2022

¿Como se fija el precio del vino? ¿Por que hay vinos de unos pocos de euros y otros de miles? Desmontamos el precio del vino y te explicamos sin rodeos de donde sale cada euro de tu botella

 

“Todo necio confunde valor y precio” dice el dicho. En el precio del vino, como en tantas cosas, los costes objetivos, medibles y cuantificables, se mezclan con los subjetivos. Pero en el vino se da la paradoja de que, a veces, es el componente subjetivo el que pesa más en el precio que el objetivo. Os lo contamos aquí.

Una de las cuestiones más frecuentes que se hace la gente al acercarse al mundo del vino es precisamente esta: ¿Cómo puede ser que unos vinos cuesten unos pocos euros, mientras que otros cuestan miles de euros? Aún comparando vinos de una misma zona o variedad. Es complicado de entender como dos vinos que provienen de la misma región o que se elaboran a partir de la misma uva pueden tener precios tan dispares. Y detrás de esa pregunta, siempre hay otra, ¿los vinos más caros valen lo que cuestan? ¿Son realmente mucho mejores? ¿Un vino de 1000€ es 10 veces mejor que uno de 100€ y 100 veces mejor que uno de 10€?

Vamos a desmontar el precio del vino para entender como funciona.

 

El territorio: el dónde

La viña se cultiva en el hemisferio norte y sur, entre las latitudes 30 y 50, climas templados. Hasta aquí todos de acuerdo. Pero hay una enorme variabilidad de suelos, climas y relieves en esas zonas. No es lo mismo el Cantábrico que el Adriático, ni la meseta castellana que la llanura padana. Os dejamos tres factores que entran en esa categoría de territorio y que, claramente, influyen en el precio del vino:

  • La orografía: vamos a los extremos, comparemos las viñas en Castilla La Mancha y la de Ribeira Sacra. La orografía de la Ribeira Sacra hace que sea mas complicado y, por tanto, más caro el cultivo. Y hay más. Históricamente, Galicia es un lugar de minifundio. Es raro encontrar parcelas de más de 1 hectárea. Pero en La Mancha ocurre lo contrario: las parcelas pueden llegar a ser grandísimas y contener decenas de hectáreas. El coste se dispara cuando se trata de trabajar diminutas parcelas esparcidas aquí y allá en colinas y montes. El coste de personal, por ejemplo. Porque el desplazamiento de una mini parcela a otra es largo. Pero también porque en esas parcelas diminutas es muy difícil mecanizar así que no hay tractores tan pequeños como para girar y maniobrar en esas viñas chiquitas, con lo que la mayor parte del trabajo debe hacerse a mano.
  • El clima: pues igual, hay climas más agradecidos en los que la viña vegeta más confortablemente, vamos a decir. Veranos secos y cálidos, primaveras templadas ayudan y quitan trabajo al viticultor, y por tanto, abaratan costes. Pero los veranos alemanes o del norte de Francia no son tan benignos y esto obliga a un mayor gasto en mano de obra y a un intenso trabajo de viña para lograr un buen resultado.
  • El suelo es también otro factor importante. Hay suelos tremendamente fértiles, donde la vid encuentra agua y nutrientes suficientes para desarrollarse así que se logran rendimientos más altos que sobre suelos pobres, donde a la planta le cuesta crecer y los kilos de uva que puede producir son mucho menores. Dicho sea de paso, generalizando (sí, no se puede generalizar, pero qué vamos a hacer), se considera que los suelos pobres son los que producen mejores uvas. Y eso porque la viña produce menores rendimientos, menos kilos, pero de uvas más maduras, más concentradas, más sabrosas… y más caras.
  • Nos vamos a poner un poco exquisitos: el microclima. Hemos hablado del clima pero también encontramos el mesoclima y el microclima. Dentro de una región productora se identifican microrregiones con unas condiciones climáticas diferentes que hacen que ese viñedo vegete de otra manera. Mejor. A veces es la altitud de una montaña, la orientación de una ladera de una colina, la influencia de una masa de agua cercana, un río… Y eso se ve en la fecha de vendimia, en la floración… y en la calidad de la uva. Cuando estás a pie de viña y la vives, percibes esas diferencias y un buen viticultor llega a identificar esas microrregiones con características únicas que producen vinos genuinamente mejores. Sin medias tintas. ¡Estas microrregiones son apreciadas en calidad y ¡en precio del vino!

 

precio del vino

 

La tecnología, viticultura y elaboración: el cómo

Viticultura

Cada viñedo tiene sus propios costes fijos y cuyo impacto en el precio de la botella van a depender del rendimiento de la viña. Un viñedo que produce muchos kilos de uva será más eficiente.

Pero hay más: las labores de la viña. La uva será de mayor o menor calidad, en función de lo cuidado que haya estado ese viñedo. Eso supone mano de obra y costes de producción que, como bien adivináis, van directitos al precio del vino. Pero también al gusto del vino.

 

La vinificación

Son muchas las técnicas para elaborar vino y, como en otros sectores, pueden orientarse tanto a la calidad o no. Trabajar calidad conduce invariablemente a costos más altos.

En el vino, hay otro factor y es el tiempo. Los vinos envejecidos, criados, incurren en costes mucho mayores. El vino debe guardarse en barrica (que es cara), almacenarla y vigilar que esa crianza llegue a éxito. Así que lógico que un vino más viejo, que ha pasado más tiempo en bodega sea más caro que otro similar pero en versión joven.

Dentro de los procesos de crianza, también los costes pueden ser mayores o menores. Y no sólo por el tiempo, también por el tipo de barrica. Las barricas francesas cuestan casi el doble que las americanas. Eso sin olvidar, la propia amortización: no es lo mismo usarla tres años que ocho. Nuevas variables que suman euros.

 

El envoltorio

Otro elemento que no se nos debe olvidar es el packaging: la botella, el corcho y la etiqueta. Si elaboramos un vino de alta calidad, queremos también que los consumidores se lleven la mejor de las impresiones desde antes de abrir el vino. Hablamos de esa sutil chispa que activa tu cerebro para coger una botella o la de al lado dentro de una estantería.

Una botella bien vestida forma parte de la experiencia única que es disfrutar y beber un buen vino. Y eso, también cuesta dinero que suma euros al precio del vino.

 

Lo menos objetivo del precio del vino

Hasta aquí son factores más o menos objetivos y medibles. Pero hay otros que son igual o más de determinantes a la hora de fijar el precio del vino. Ya sabéis esa subjetiva combinación entre reconocimiento y origen y que nos predispone a comprar y apreciar, más o menos, un vino.

Hacer un vino es algo objetivo. Pero disfrutar de un vino es algo subjetivo. Y a eso también hay que ponerle precio. Así que el origen territorial, los elogios de la crítica y la historia detrás de cada botella también tienen algo que decir. O mucho.

 

Los mismos vinos con diferentes precios.

Bueno los mismos, los mismos, no son, la verdad. Y es que el origen es una parte, pero no lo es todo. La pregunta que muchos no se atreven a hacer por miedo a quedar como ignorantes es como puede haber un Champagne que cuesta 40€ y otro 600€. Asumiendo que ya 40€ no es nada despreciable.

Ciertas partes del mundo se han considerado históricamente más adecuadas para producir vino de calidad. Quizás por ciertas características climáticas pero también por su posición geográfica cerca de grandes centros de consumo (que saluden Burdeos o los Oportos gracias al comercio con los ingleses). El vino de estas regiones puede presumir de su precio, por supuesto gracias a su calidad, pero también a circunstancias varias que han añadido renombre y euros a su precio.

Eso ha provocado que sus vinos sean más caros y, socialmente, más reconocidos. Borgoña, Mosela, Champagne, Rioja, Toscana… cientos de nombres se os vienen a la cabeza. El precio de una hectárea de tierra en estos lugares es obviamente más caro.

En esta categoría, hay que incluir también los costes burocráticos de pertenecer a cualquiera de esas regiones, vamos a llamarlas, históricamente relevantes. Con el fin de preservar la autenticidad de esa calidad histórica, muchas de estas zonas están reguladas por normativas exigentes que certifiquen la calidad de estos vinos (con mayor o menor acierto) y garanticen su origen. Hablamos de los Consejos Reguladores de las Denominaciones de Origen. Estas organizaciones también se encargan de promover esas zonas, lo cual no es gratuito… Hay otras certificaciones, no sólo las de origen. Y todas tienen en común que añaden un coste y, en mayor o menor medida, aportan confianza al consumidor. Por ejemplo, los vinos ecológicos que garantizan una producción sostenible bajo estrictos criterios medioambientales, deben ser auditados por una empresa externa. El consumidor decidirá (o decidiremos) si el valor añadido justifica ese incremento que supone en el precio del vino.

 

precio del vino

 

Más subjetividad en el precio del vino

Un enólogo famoso refuerza el prestigio de un vino y ¡su precio! Como Rafa Nadal anunciando raquetas. Estos enólogos trabajan como consultores: indican, aconsejan y ayudan a tomar las decisiones y las líneas de estilo de una bodega. Pero no están allí al 100% de su tiempo. Sería imposible. Su opinión se requiere en las decisiones claves, como la vendimia o los coupages.

Un crítico de vinos publicando una buena reseña puede ser un gran impulso para cualquier bodega. Estos expertos tienen un papel importante que repercute en el precio del vino, pero también en la percepción de los consumidores. Estos críticos son prescriptores y, en gran medida, educadores. Algunos de estos expertos nos han abierto los ojos a regiones y uvas, de las que no habíamos oído hablar y a las que era complicado acceder. Por ejemplo, el Priorat en los 90. Y no nos referimos a inaccesibles por el precio, sino sencillamente porque no son vinos que se compren en cualquier supermercado o que se encuentren en la mayoría de restaurantes. El gran público no los conoce porque no tienen visibilidad. De ahí que su autoridad hace que haya vinos que literalmente florezcan para el mercado tras una reseña de esta gente.

Ellos deciden y, en cierto modo, imponen, lo que está de moda o lo que es más “cool”. Su criterio también denosta esos vinos menos agraciados a sus ojos. Hablamos de su influencia en el mercado, pero también en la propia evolución de la cultura del vino y en nuestros hábitos de consumo. Y por supuesto en el precio del vino.

 

Y la traca final: la escasez

En el fondo, las reseñas y el renombre van directitos a la parte de nuestro cerebro más caprichosa: la que rige nuestra ansia, ese apetito por probar eso que todo el mundo dice que debemos probar. La influencia de estos expertos repercute en la curiosidad del mercado. Las ganas de probar ese vino de consumidores, sumilleres, restauradores… Cuantas más puntuaciones altas, más ganas de hacerse con el vino. Y como el vino no es replicable como un mueble o como una Coca- Cola aquí entra el último factor: la escasez. No hay vino suficiente para la demanda por tanto el mercado se regula ¡subiendo el precio!

 

¿Y tu experiencia con el precio del vino?

Ahora llegamos al final. A tu experiencia como consumidor. Por fin, te haces con esa botella… y es una decepción. ¡O no! ¿Cuántas veces os ha pasado que una vez que abrís la botella no cubre vuestras expectativas? ¿Cómo os habéis sentido? Y ¿Cuántas veces ha sido tan bueno como la expectación creada o incluso la ha sobrepasado? Queremos que nos contéis las dos experiencias. La de ese vino que se hizo esperar pero fue una auténtica decepción y la de ese vino que os regaló un momento maravilloso, tanto como la idea que os habíais hecho de él.

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