Uvadoble

de Bodegas Ochoa

Este blanco de Viognier y Viura es la creación de las dos hermanas y la fusión de dos uvas. Una idea que germinó en Australia y se desarrolló de vuelta en Galicia.

¿Por qué nos gusta?

Uvadoble nació cuando Adriana estuvo en Yayumba, una bodega australiana, y allí conoció la Viognier. Y se sintió en casa con ella. Decidió que aquella uva tenía que funcionar en España, y a su vuelta, en 2005, la plantó. En medio de sus vueltas con la uva y el vino que, decididamente, saldría de allí, su hermana Beatriz le dijo que por qué no con Viura. Y vio que sí. Que funcionaba. Que Viognier y Viura tenían un feeling estupendo que daba resultados.

Después vino el resto. Vueltas a la barrica, vueltas a las lías… hasta decidirse por estas últimas. Así, le dio largura y complejidad, lo alejó de un blanco insulso y joven, como tantos otros.

Todo lo que hay que saber de este vino

Tipo de vino:
Vino Blanco

Variedad:
Viura

Zona:
D.O. Navarra

Crianza:
6 meses sobre lías

Botella:
750 ml

Cata:
Encontramos un vino con una nariz de fruta dulce y madura (durazno, orejones) pero con un gran cambio en boca. Pero no os engañéis: es un vino seco en boca. Cremoso y largo: fabuloso ese buen trabajo con las lías (ahí se nota la mano de Adriana removiendo las madres en la crianza). Deja al final una cierta dulcedumbre que nos ha encantado.

Con qué disfrutarlo:
No os limitéis al clásico pescado. Este vino blanco da para mucho más. Por aquí os sugerimos carnes blancas, patés, tartas saladas, pastas o arroces (sí, aunque llevan carne). Es un blanco muy cremoso, y esa cremosidad pega con este tipo de guisos: con fundamento, pero sin exceso de grasa.

El productor: Bodegas Ochoa

Vinistas

Bodegas Ochoa está en Olite (Navarra), y encontramos Ochoas allí desde 1845. De hecho, desde antes: los primeros de los que hay constancia datan del siglo XIV, pero como perdemos el rastro por el camino, decimos 1845. Ya es decir. Adriana y Beatriz son la sexta generación, y la primera de mujeres. Dos hermanas que complementan muy bien sus trayectorias para acabar haciendo estos vinazos: Adriana es enóloga, se ocupa del vino desde la cepa a la botella, y Beatriz viene del marketing y las ventas, así que se ocupa de la botella al mercado. Gracias a sus padres, la quinta generación, tienen ahora 145 hectáreas de vid y 58 hectáreas de olivos.

Su trabajo en la viña es ecológico. Si algo llevan por bandera, es su pasión por cuidar de la tierra de sus padres. Así, todos sus vinos tintos están certificados en ecológico. Los blancos no, pero el proceso que usan con casi todos ellos es igualmente respetuoso: la uva Moscatel es muy sensible. Para Adriana, la certificación ecológica no es hacer un vino y cubrir el nicho. Ella quiere que todos los vinos sean eco, y trabaja así desde 2010. La certificación viene más tarde, cuando toca. Lo importante es lo que se hace en la viña.

El viñedo está en Traibuenas, a las puertas de Las Bardenas, un desierto navarro que implica ese clima seco y con una diferencia térmica entre el día y la noche que es maravillosa para la calidad de las uvas. La calidad, que no la cantidad, pero es que ese no es el objetivo. Cuando las uvas son pocas, pero buenas y con sustancia, el vino lo nota. Nosotros lo notamos. Ellas buscan reflejar el suelo y el clima en los vinos, buscando una frescura y un equilibro que dista de la rusticidad por la que se caracterizaban los vinos navarros de hace tiempo. Elegancia, de la de verdad. Palabra de Vinista.

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