Milgracias

de Bodegas Ochoa

Milgracias damos nosotros por este vinazo. Un monovarietal de Graciano que fue la apuesta de Adriana Ochoa como su primer vino de su serie 8A.

¿Por qué nos gusta?

Hay que ser valiente para que tu primer vino como enóloga en tu bodega familiar, sea un monovarietal de una variedad como es la Graciano, que viene tradicionalmente ligada a los coupages y que, todo hay que decirlo, gozaba de fama de rústica. Pero es que no la entendían ni la miraban con el cariño que Adriana la miraba. Su primer vino fue el que le dio la gana, huyendo de los vinos comerciales o súper vendibles que podían haberla impulsado más. Fue fiel a sí misma, y como bien dice, le ha dado muchas alegrías.

Este vino demuestra este punto de tierra innegable de la graciano, así como su elegancia. Es como ella: una mujer que se desenvuelve en el campo con elegancia innata. Fijaos que es un 2016, y aún así está súper joven. Y es que la clave está en como Adriana interpreta en la bodega lo que saca en la viña: no quiso extraer demasiado de la uva, no se trataba de sobrecargar. Se trataba de equilibrar. Pues eso: todo en su justa medida.

Todo lo que hay que saber de este vino

Milgracias

Tipo de vino:
Vino Tinto

Variedad:
Graciano

Zona:
D.O. Navarra

Crianza:
9 meses en barricas usadas

Botella:
750 ml

Cata:
Es un vino que es orgullosamente terruño. No queremos decir rústico porque para muchos es algo negativo. Pero la graciano tiende a veces a la rudeza, pero Adriana la interpreta muy bien. Y lejos de resultar agreste es un vino complejo, bien trabajado y que no olvida su origen. Una nariz de sotobosque, de hierbas aromáticas y de especias. En boca, sale esta misma impresión de frescor, que nos gusta mucho, por vibrante. Pasa por boca, mostrando orgulloso su tanino que no apabulla pero construye en nuestro paladar la impresión de que se trata de un señor vino.

Con qué disfrutarlo:
Aquí no lo dudéis: carnes rotundas, guisos y asados. Si sois de casquería, aquí tenéis lo vuestro. La textura gelatinosa de la comida funde el tanino del vino, haciendo esos maridajes que elevan cualquier humilde cena.

El productor: Bodegas Ochoa

Vinistas

Bodegas Ochoa está en Olite (Navarra), y encontramos Ochoas allí desde 1845. De hecho, desde antes: los primeros de los que hay constancia datan del siglo XIV, pero como perdemos el rastro por el camino, decimos 1845. Ya es decir. Adriana y Beatriz son la sexta generación, y la primera de mujeres. Dos hermanas que complementan muy bien sus trayectorias para acabar haciendo estos vinazos: Adriana es enóloga, se ocupa del vino desde la cepa a la botella, y Beatriz viene del marketing y las ventas, así que se ocupa de la botella al mercado. Gracias a sus padres, la quinta generación, tienen ahora 145 hectáreas de vid y 58 hectáreas de olivos.

Su trabajo en la viña es ecológico. Si algo llevan por bandera, es su pasión por cuidar de la tierra de sus padres. Así, todos sus vinos tintos están certificados en ecológico. Los blancos no, pero el proceso que usan con casi todos ellos es igualmente respetuoso: la uva Moscatel es muy sensible. Para Adriana, la certificación ecológica no es hacer un vino y cubrir el nicho. Ella quiere que todos los vinos sean eco, y trabaja así desde 2010. La certificación viene más tarde, cuando toca. Lo importante es lo que se hace en la viña.

El viñedo está en Traibuenas, a las puertas de Las Bardenas, un desierto navarro que implica ese clima seco y con una diferencia térmica entre el día y la noche que es maravillosa para la calidad de las uvas. La calidad, que no la cantidad, pero es que ese no es el objetivo. Cuando las uvas son pocas, pero buenas y con sustancia, el vino lo nota. Nosotros lo notamos. Ellas buscan reflejar el suelo y el clima en los vinos, buscando una frescura y un equilibro que dista de la rusticidad por la que se caracterizaban los vinos navarros de hace tiempo. Elegancia, de la de verdad. Palabra de Vinista.

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