Vinistas

Iván Frías
Vera de la Fuente

Lo primero es entender ese territorio tan peculiar. Suelo volcánico, altitudes entre 250 y 850 metros sobre el nivel del mar, un clima subtropical pero matizado por los famosos vientos alisios. Había que trabajar todo eso y plasmarlo. Y para acabar de complicarlo, sus variedades autóctonas. Tan desconocidas como prometedoras. Muchas son viñas viejas y todas plantadas sin portainjerto americano, es decir, plantadas en franco. Pero lejos de asustarse, Iván ve oportunidades en todo eso y se lanza al vacío porque no hay experiencia ni patrones en los que fijarse. El se abre su propio camino. Y lo hace muy bien.


En total, cultivan unas 3 hectáreas de variedades tan raras como Albillo criollo, Malvasúa, Marmajuelo, Baboso Negro, Vijariego Negro y Blanco. La viticultura es una auténtica hazaña, practican viticultura integrada, reduciendo los tratamientos químicos y, por ejemplo, abonando con estiércol de oveja Pelibey (una raza canaria que ellos mismos crían).

¿Por qué nos gusta?

Tomasín llega al vino al revés que muchos. Tomas Frías es restaurador y hacía vinos para su restaurante. Poco a poco el vino fue ganando terreno en su alma y lo hizo sobre todo a la segunda generación, la que venía después, Iván Frías. El hijo de Tomasín se entusiasma con el enorme potencial que tienen su zona, sus variedades, su suelo. Y es que los Frías están en Abona. Una pequeña Denominación de Origen en la parte sur de Tenerife. Así que la pasión de Iván se dirige a re-hacer los vinos que su padre hacía para su restaurante para convertirlo en otra cosa, algo mucho más grande, donde él sabe que puede llegar.

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