4 pasos para desarrollar tu olfato para catar vino

Consejos y tips de vinos

4 pasos para desarrollar tu olfato para catar vino

Ruth de Andrés Ruth de Andrés | 4 abril, 2018

¿Los catadores expertos nacen o se hacen? Se hacen. ¿Puedes aprender a ser mejor catador? Claro, lee nuestros 4 pasos y aprende cómo.

La pregunta es, ¿podemos entrenar nuestro olfato para catar vino correctamente? La respuesta es sí. Con miles de receptores olfativos en nuestra nariz listos para ser usados en cualquier momento, el sentido del olfato sólo está esperando a que le demos trabajo. Lo tenemos aburrido la mayoría del tiempo y no por que no haya nada qué oler. Si no porque no nos fijamos.

Estos son 4 pasos muy sencillos para aprender a usar tu olfato para catar vino:

 

1.   No te llenes el vaso hasta el borde

Antes que nada, recomendarte que viertas el vino en un decantador o aireador de vino de forma que se oxigene y libere los aromas del vino lo máximo posible.

La copa se llena razonablemente, esto es aproximadamente un tercio. Recuerda que estamos catando. No bebiendo. Después de oler, podrás beber. No tengas prisa.

Llenando la copa alrededor de un tercio, podemos girar la copa fácilmente para conseguir que los compuestos volátiles, es decir, los aromas del vino se desprendan y lleguen a tu nariz. Además, al agitar la copa, el vino va a abrirse y vamos a obtener otros aromas que no se percibirán tan fácilmente si no la agitamos.

2.  Mete tus narices: recuerda es el olfato para catar vino.

Pues el anterior consejo decía que no llenes la copa hasta el borde … para poder meter la nariz dentro y que tu olfato para catar vino se llene de sus aromas lo máximo posible.

Los perros van con su nariz pegada al suelo, igual que los cerdos. Bueno nosotros no podemos. Anatómicamente no estamos preparados para ello, así que tendrás que esforzarte un poco. Por eso, ¡mete la nariz!

Una cosa más: nuestro epitelio olfativo se satura si huele demasiadas veces la misma sustancia y temporalmente queda inactivo. Da un respiro a tu olfato para catar vino y vuelve a empezar.

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3.  Usa tu nariz y tu cabeza: el truco de las familias

Muchos aromas pasan por nuestra vida desapercibidos. Pero algo ocurre cuando intentas nombrar, descubrir y localizar su origen. Te falta vocabulario. Busca palabras que te sirvan para enlazar esos aromas con algo tangible que tú entiendas y que te sirva para comunicar lo que sientas. Lo tengo en la punta de la lengua es la frase que más me repiten los catadores novatos. Pues bien, rebusca en tu cabeza hasta que des con el descriptor.

Para encontrar ese descriptor, amplia tu vocabulario. Expándelo y encuentra eso que define el olor que encuentras.

Te cuento lo que yo hago. Me es de gran ayuda las familias de aromas. Esta es una clasificación muy sencilla y muy clara. En ella se clasifican los aromas más importantes que se pueden encontrar en un vino. Así que cuando no encuentres un olor, en lugar de buscar exactamente qué es y desesperarte porque no lo sabes, trata de buscar la familia a la que pertenece.

Las familias de aromas del vino

Las familias más importantes de aromas del vino son:

  • Los florales: los más habituales son la rosa, la violeta, flores blancas, el jazmín, incluso el geranio.
  • Aromas de frutas: pues aquí hay muchas y muy variadas. Decimos frutas exóticas, de hueso, bayas rojas, negras, fruta pasificada…
  • Aromas vegetales: como el heno, la hierba fresca, pero también el pimiento verde, el espárrago, las judías verdes…
  • Aromas especiados: pues todas las especias desde la canela o la vainilla, hasta la pimienta, el regaliz, el clavo o la nuez moscada.
  • Aromas balsámicos: como el eucalipto, la madera de cedro (lo que llamamos caja de puros), la resina…
  • Aromas tostados: pan tostado, cacao, café…
  • Aromas animales: cuero, es lo más habitual, pero también hablamos de lindezas como sudor de caballo, orina de gato, animal.
  • Aromas químicos: como el disolvente, la laca de uñas, el barniz…

Así, estás en el dilema. Ese olor te suena pero no sabes qué es. Pues venga, empieza pensando en que familia lo englobarías. ¿Es algo que te comerías? ¿Parece dulce? ¿En que familia lo meterías?

4.  Practica, practica, practica.

Practicar aquí es oler. Hablamos de olfato para catar vino. Así que huele, huele y huele. Y sobre todo presta atención a lo que hueles. No se trata sólo de oler el vino. La mayoría de los aromas pasan por nuestra vida sin que nos demos cuenta.

Para aprender, todo vale. No sólo oler el vino. Sino todo lo demás. Tu cocina, un perfume, el mercado, una despensa… haz una rutina. Oblígate a ir por la vida con los sentidos despiertos. No sólo es bueno para aprender a catar. Es bueno para percibir tu alrededor más intensamente. El ejercicio de percibir e identificar aromas se volverá prácticamente automático.

Haz este ejercicio: coge alimentos de tu despensa (especias, fruta, verdura…), tápate los ojos y acércalos a la nariz. Desarrolla tu olfato. Te sorprenderás de las conexiones que hace, de lo que fallas y de lo que aciertas.

Luego vuelve a hacer el ejercicio pensando en las familias de aromas, ¿te acercas más?

Si quieres aprender algo más sobre el sentido del olfato y como se ejercita, te recomendamos este estupendo vídeo de Ted- ed

Y lo último: no te desesperes a la primera. Insiste. Y, de todos modos, recuerda que independientemente de todo, lo más importante es que el vino esté rico.

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