Vinos de Colección. No es oro todo lo que reluce

Curiosidades del mundo del vino

Vinos de Colección. No es oro todo lo que reluce

Ruth de Andrés Ruth de Andrés | 20 septiembre, 2017

En el mundo de vinos de colección, hay fraudes y engaños supongo que como en cualquier otro. Es curiosa la historia del oscuro señor Roddenstock que descubrió una partida de botellas del siglo XVIII en un sótano tapiado de París que se dieron a conocer al mundo como las botellas de Thomas Jefferson.

En el mundo de los vinos de colección, hay fraudes y engaños supongo que como en cualquier otro. Es curiosa la historia del oscuro señor Roddenstock. Este alemán descubrió una partida de botellas del siglo XVIII en un sótano tapiado de París y grabadas con las iniciales Th. J. que luego se dieron a conocer al mundo como las botellas de Thomas Jefferson, quien fuera presidente de los Estados Unidos.

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Sobre Thomas Jefferson

La asociación de esas letras con el señor Jefferson aumentó exponencialmente el precio del vino, ya de por sí alto Vinistas. El caso es que el coleccionista de vinos (millonario) Sr. Koch adquirió cuatro de ellas en 1988. El periplo de estas botellas es tan parecido a una novela de intriga que incluso inspiró una: “The Billionaire’s Vinegar; The Mystery of the World’s Most Expensive Bottle of Wine”. Tras pruebas de termoluminiscencia, carbono 14 y otros tratamientos científicos ningún laboratorio consiguió determinar su edad exacta.

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Y eso era que las edades no coincidían y que el grabado Th. J era muy posterior al siglo XVIII… imagino al millonario Koch arrugando la nariz. A esto hay que añadir el perfil poco claro del propio “descubridor” del tesoro que ahora más bien parece el pirata malo de toda esta historia. Rodenstock es descrito como una suerte de Indiana Jones, un coleccionista incipiente y receloso.

Su pasión desbordada por los vinos viejos y los vinos de colección se une a su suerte para descubrirlos en los más variopintos lugares, que nunca desvela con exactitud. Igual que mantiene en secreto el número de botellas que encontró en aquel sótano parisino. Además es muy dado a organizar eventos fastuosos, no muy del gusto de los tradicionales coleccionistas, más discretos.

Ya os hablamos en otra ocasión de una estafa similar, pero no menos apasionante que podéis recordar aquí.

Blanco y en botella pensarán muchos; pero hay quien se resiste a despertarse del bonito sueño y prefiere vivir con la ilusión de poseer una botella única.

Y vivirá con ella toda la vida, porque abrirla y beberla sería un chasco, y el misterio no quieren desvelarlo sino mantenerlo cerrado…. Bajo corcho.

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