Vinistas

José Manuel Martínez Juste
Grandes Pagos Gallegos

Adoran su terruño, y cultivan en base a esto: no utilizan herbicidas, ni pesticidas, ni septicidas. Realizan tratamientos preventivos, algo complicado en su zona pero que no dejan pasar. El suelo les gusta como es: vivo. Vivo, y que aporte a la planta todo lo que esta realmente necesita para darnos esas uvas deliciosas.

¿Por qué nos gusta?

Grandes Pagos Gallegos nace en el año 2000, cuando tres amigos oriundos de Ribadavia, José, José Manuel y Nola, decidieron liarse la manta a la cabeza y recuperar un antiguo viñedo en Ribeiro. En su periplo, encuentran Finca Viñoa, 5 hectáreas de viñedo en el municipio de Carballiño, que pertenecía a la familia Quiroga. 11 años más tarde ponen en venta el primer vino, después de mucho plantar y de acceder a las parcelas colindantes para ampliar la finca. Creen en la singularidad de esas fincas y elaboran siempre en zonas históricas y en ladera preferiblemente, y si puede ser con variedades autóctonas: por eso dejaron que, primero, la cepa se hiciera al terruño.

Pero no querían quedarse solo en Ribeiro. Ellos valoran el plantel tan rico que ofrece Galicia, y querían una porción de cada D.O. Así que, dieron el salto a las Rías Baixas, y en 2013 surgió la oportunidad con Finca Couselo, una bodega histórica que elaboraba desde 1864. Monterrei, en cambio, era un proyecto que empezaba a formarse allá en 2005. Los Boo-Rivero pasaron a formar parte del proyecto y, con sus 30 años como viticultores, les aportaron la experiencia y el conocimiento necesarios sobre esta D.O. para comprender y manejar la diáspora de terrenos: 24 hectáreas en 28 parcelas. Mientras que en Ribeiro la reina es la Treixadura y en Rías Baixas trabajan Albariño, Caíño Blanco y Loureiro, aquí vamos con la Godello y la Mencía. Aquí tienen unas condiciones climáticas muy especiales, con máximas en verano de 45ºC y mínimas en invierno de -10ºC.

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